Tras una hora y media de vuelo el avión aterrizó en el aeropuerto de Dakhla situada sobre un brazo de tierra de casi 50kms. de largo y aprox. 2kms. de ancho, con un fuerte viento del Nor-Oeste. Al ser casi las 12 del medio día las mejores vistas se obtienen desde las ventanillas del lado izquierdo del aparato.
A la derecha, mientras enfilaba hacia la pista de aterrizaje, apareció Punta Sarga con su pequeño poblado de pescadores y sus embarcaciones de pesca situado en el extremo S. de la alargada península, luego sobrevolamos parte de la ciudad cercana a la laguna y, al fondo, el desierto que apenas se podía divisar debido a la bruma y al polvo producto del viento que enturbia toda la visión; a la izquierda otro gran conjunto de construcciones ocres y el océano, grisáceo y picado.
Decenas de kilómetros de playa se extienden de un lado a otro de ambas costas, destino de cualquier amante de los deportes acuáticos. Un excelente entorno para relajarse mientras se disfruta de todo tipo de actividades. Y de buenas olas cuando las condiciones son las adecuadas. Pero ahora no. Es, sin duda alguna, destino singular para kitesurfistas.
Tras pasar el control de pasaporte y un minucioso registro de mis pertenencias (libro de viaje hoja por hoja, estuche del portátil por si "portaba un dron"!, cámara de fotos y sus accesorios, fondo de la mochila) pasé a la sala externa donde apenas quedaba gente. Ni siquiera alguna oficina para cambiar divisas. Un par de taxistas aburridos esperaban con sus vehículos parados frente al aeropuerto. Yo era el último en salir.
Como no había podido cambiar a Dirham marroquí (desde ahora Dm), la moneda que se usa en Sahara Occidental, tuve que darle al taxista los 10€ que me pidió para que me llevara al hotel 7 Day que había reservado por Internet varios días antes. Se encuentra muy bien situado, en un barrio céntrico y muy tranquilo (Oulad Akkou), rodeado de terrazas (teterías/cafeterías, restaurantes), algunas dulcerías, muchos bancos y varias oficinas de transporte público.
Como no había podido cambiar a Dirham marroquí (desde ahora Dm), la moneda que se usa en Sahara Occidental, tuve que darle al taxista los 10€ que me pidió para que me llevara al hotel 7 Day que había reservado por Internet varios días antes. Se encuentra muy bien situado, en un barrio céntrico y muy tranquilo (Oulad Akkou), rodeado de terrazas (teterías/cafeterías, restaurantes), algunas dulcerías, muchos bancos y varias oficinas de transporte público.

La habitación que me dieron dispone de dos camas, baño interior, ventana a la plaza central (una rotonda), bastante limpio y muy tranquilo (17€). La siguiente noche me la dejaron en 150Dm. Es uno de los hoteles más económicos de Dajla (o Ad-Dajla).
Tras dejar las mochilas mi primera misión era ir en busca de un Banco para que me cambiara Euros pero Mohamed, el recepcionista, me advirtió que posiblemente todos estuviesen cerrados. Y es que había llegado el día más importante del Eid al-Adha (fiesta del cordero), una festividad religiosa, y todos los Bancos y muchas tiendas se encontrarían cerradas durante varios días. Ésta es una de las celebraciones más significativas del Islam, momento especial en el que se practica la caridad compartiendo comida entre familiares, amigos e incluso desconocidos. Por las calles he podido ver a vecinos transportando bandejas de viandas cubiertas con paños o en puertas de algunas casas esperando para salir o entrar.
Mohamed me cambió 50€/500Dm) para que fuera tirando hasta que pudiera cambiar más en alguna oficina de cambio. Así que comencé a caminar buscando algún lugar que pudiera estar abierto, desde la rotonda de mi hotel por el Bulevard Ahmed Bahnini hacia el Bulevard Mohammed V que se encuentra paralelo a la costa lagunera, aprox. a unos 1.500mts., aunque ahora está completamente en obras y ha perdido todo encanto.
Llegué tan lejos como pude mientras el sol aumentaba el calor de las calles, pero todo estaba cerrado. Transitaba por una ciudad prácticamente desierta. Apenas había gente sentada en las cafeterías protegidas del sol del mediodía. Y es que durante el día casi no se ve a nadie por las calles pero es al atardecer cuando los vecinos salen a hacer sus compras y a ver caer la noche, porque es cuando más fresco hace.
Realizando el recorrido me fui desviando por algunas bocacalles que me llevaron por el desvencijado y vacío mercado (también cerrado) aunque hay unos pocos comerciantes con sus puestos montados en el exterior, y entre algunas edificaciones de estilo español hasta la iglesia española Nuestra Señora del Carmen (1946), de estilo clásico, construida con líneas simples y su exterior pintado en blanco.
Fundada como Villa Cisneros -en honor al Cardenal Cisneros- por los españolitos en 1884 (coincidiendo con el comienzo de la Conferencia de Berlín en la que los países europeos establecieron sus áreas de influencia en el continente africano) en una expedición promovida por la Sociedad Española de Africanistas y financiada por el gobierno de Cánovas del Castillo (y el rey Alfonso XII), rápidamente se convirtió en sitio importante para España debido a su puerto natural y su posición estratégica en el Sahara Occidental. Llamada también Península de Río de Oro, fue el primer lugar en el que se asentó España en el S. del Sahara -con una caseta de madera sobre la orilla oriental-, permaneciendo bajo su soberanía hasta principios de 1976. Aún quedan algunos vestigios de aquella época y estaba dispuesto a encontrarlos. 

La zona de más movimiento estos días ha estado frente al hotel Tires, a poco metros del Bulevar Mohamed V donde a partir de las 18:00 han estado realizando un mercadillo popular bastante concurrido con puestos de comidas (caracoles, garbanzos, pinchos, ostras, papas fritas, dulces...), también ropa, cubertería, calderos, juguetes de plástico..., entre tiendas de telefonía, terrazas de té y café y restaurantes varios. Alguien me advirtió que esperara hasta el atardecer porque cerca se encuentra una tienda de trajes que suele cambiar Euros (1€ = 10,30Dm) situada en el bulevar cerca de esta concurrida plaza de ventas. Por fin podía seguir caminando con tranquilidad con más dinero en el bolsillo.
Al día siguiente descibrí que cerca del mercado hay una oficina oficial de cambio, aunque con peor tipo de cambio.
Dakhla ahora es una pequeña ciudad al S. de Marruecos y al N. de Mauritania, perdido entre las aguas del Atlántico, su propia laguna y las arenas del Sahara. Su costa está entre las más bellas y casi aislada del mundo por un desierto circundante, con sus aprox. 25ºC durante casi todo el año. Situada cerca de la desembocadura del Río de Oro, su bahía y su espléndida laguna de cálidas aguas es el hogar de aves migratorias, flamencos rosados, tortugas, focas monje, rayas y delfines jorobados que se pueden observar desde el extremo sur de la península, en
Punta Sarga.
Punta Sarga.Sus dos playas particularmente famosas son la de Foum El Bouir y la del PK25. La primera se encuentra al otro lado de la ciudad, en el Atlántico, con bastante corriente y oleaje, mucho ambiente local y muy animado los fines de semanas, y la segunda, en la laguna, bastante más alejada, es popular y muy segura para los que les gusta relajarse: su amplia orilla con jaimas para alquilar es ideal para el descanso o pernoctar si se trae comida y bebidas, pudiéndose nadar sin riesgo en sus tranquilas aguas. Ahí, en medio de la bahía se encuentra la isla del Dragón, una formación rocosa a la que se puede acceder con marea muy vacía caminando sobre un lecho de conchas marinas (o a vela con marea alta), ideal para la observación de aves y la exploración de su vida marina adaptada a las condiciones cambiantes del área.
En el extremo S., en la punta de la península de Dakhla (Punta Sarga) y a 12Kms. se encuentra el poblado de pescadores Lassarga, otro entorno de renombre internacional, con playas muy limpias y rompientes de alta calidad donde surferos famosos han cogido sus mejores tubos en olas que corren cientos de metros. Por lo que me han comentado, sólo hay un alojamiento, bastante caro, aunque hablando con algún residente podría ser posible rentar alguna de sus casas donde se encuentran varadas las embarcaciones de pesca. Es un entorno ideal para mezclarse con la vida local de los pescadores. Aunque no muy limpio. Los pescadores, normalmente, y los de este dominio en concreto no suelen cuidarlo.
Mohammed pudo hacer contacto con un guía con vehículo 4x4 para que me llevara a conocer durante todo el día (1.400Dm) circulando más al S. del continente, paralela a la laguna y entre infinidad de dunas, la enigmática Duna Blanca “solitaria”, de blancura única y finura que la hace imposible de ver en otro lugar. Para llegar hasta ella, mejor en marea baja, hay que abandonar la carretera asfaltada entrando por un camino de tierra, piedras y arenas del desierto (debidamente señalizado), atravesar varios grupos de llamativos montículos de arena y piedras y tras decenas de kilómetros, desde una pequeña altura del terreno, comienza a contemplarse a lo lejos esta maravilla de la naturaleza moldeada por el viento haciendo contraste con un fondo azul "marino" sobre una larga explanada de fina arena.
Un paisaje tan surrealista como sublime entre la intensidad del desierto y la serenidad del mar que la baña. Subirse a ella es poder admirar a un lado cientos de kilómetros de arena y dunas, al otro lado el llamativo recorte de la duna por acción del viento y el agua que la baña y a lo lejos, en la otra orilla, Dakhla. Tras media hora de regocijo continuamos a través de lo que parece un oasis de agua salada y arena blanca hasta volver a tomar la carretera asfaltada dejando poco a poco atrás esa "mágica" duna.
Un poco más alejada se encuentra la magnífica extensa playa igualmente de arena blanca del Puertito, donde los locales amantes a la pesca pasan horas o varios días, capturando sus piezas acampados con sus vehículos, sus toldos y todos sus pertrechos. O los fines de semanas con sus familias en jaimas montadas con ingeniosa habilidad. Ahí mismo preparan la comida, o el té, durante el día.
Continuando por la carretera nacional hacia el S., dirección Mauritania, llegamos hasta la playa Puerto Rico (o Portorico), a unos 60Kms., "una playa en medio del desierto" que fue lugar de ocio durante la época colonial. También conocida como "la playa privada del rey", estuvo cerrada al público durante mucho tiempo, y es por eso por lo que muchos locales ni la conocen. Se caracteriza por algunas curiosidades geológicas como sus rocas sedimentarias rosas y beig del desierto con la que cuenta este ecosistema costero sahariano de aguas cristalinas. En condiciones buena de viento es ideal para practicar diferentes deportes acuáticos. Es posible acampar y en las noches estrelladas disfrutar de cielo limpio de contaminación lumínica.
Finalmente, tras otros 40Kms. aprox., llegamos tan lejos como al humedal Sebkha de Imlili, en medio del desierto, rodeado de dunas de arena dorada y acantilados rocosos caracterizado por una gran diversidad biológica, con un ecosistema único que refleja la riqueza natural de esta región (Dakhla - Oued Eddahab). Son unas 160 pocetas de agua salada permanente alimentadas por un manantial subterráneo de "agua pura" que la convierte en un oasis excepcional, rodeado de una exuberante vegetación verde compuesta principalmente por palmeras y arbustos del desierto. En muchas de ellas abundan la Tilapia de Guinea, y dispersos por el entorno diferentes animales y reptiles que hacen tan especial a este lugar.
De vuelta y antes de concluir el recorrido paramos en las aguas termales Asmaa (la Source), un manantial natural de azufre en el "corazón del desierto" que ofrece una experiencia diferente en "ducha a alta presión" mediante una manguera. Dicen que tiene beneficios minerales curativos para la salud. La fuente (la Source) es un agua caliente a 38*C que proviene de un pozo a 700mts. de profundidad extraída con una bomba eléctrica de succión (15Dm).
El toque final llegó al detenernos en el restaurante Tahal Mar, donde sirven platos muy económicos, entre ellos las ostras frescas producidas por ellos en viveros sumergidos. Me harté a comer ostras!! (4Dm la unidad). Antes de entrar al centro de la ciudad nos desviamos hacia el Atlántico para observar de cerca el faro conocido como Ksar Sghir, una torre de 34mts. de altura construida en 1922 para señalar la entrada de los barcos que llegaban al puerto de Dakhla. Este faro sigue siendo parte del horizonte de la ciudad y es un motivo de orgullo entre sus vecinos que se acercan en muchas ocasiones para fotografiarse junto a él.
A una distancia de 6kms. de la ciudad esta avejentada torre negra y blanca es una atracción popular también entre los que quieren apreciar su diseño único y también disfrutar de las impresionantes vistas de los peñascos de los acantilados caídos al mar por acción del oleaje y la climatología. El complejo en sí, en claro estado decadente, consta de varias pequeñas edificaciones y una estación de radio.
Me he quedado tres días disfrutando de esta ciudad conociendo las costumbres de un pueblo que apenas sale durante el día y con todo su movimiento concentrado al atardecer cuando infinidad de vecinos hacen vida paseando o yendo de compras. No hay discotecas, al menos presencialmente, y todo el cotilleo se lleva en las terrazas de las teterías/cafeterías, lugar prácticamente de hombres. Las enormes pantallas instaladas en casi todas ellas muestran tanto partidos en directo como partidos de días, meses o años anteriores.
Otros vecinos se sientan en las terrazas de algunos restaurantes que dan a la laguna, o sobre el terreno donde se está construyendo la nueva avenida (o bulevar) del mar.
Y en cuestión de comer ha sido bastante más sencillo de lo que me esperaba en un primer momento tras observar que casi todos los restaurantes locales más populares estaban cerrados hasta el atardecer. Todos estos días en el mercadillo han estado instalando puestos de pinchos de carne para poner en panes redondos khobs, platitos de garbanzos, de lentejas o judías, ostras frescas, papas fritas, o en los restaurantes de esa misma calle que tenían diferentes platos del día.
Al anochecer la temperatura baja bastante, básicamente por el fuerte viento que llega del mar, siendo normal en estas fechas que corresponde a los meses del verano.
Aunque los taxis son económicos (7Dm el trayecto corto) es sencilla de caminar y de entender si se le presta la mínima atención, y para eso están las terrazas, para observar su vida pasar, y con un poquito de suerte entablar diferentes conversaciones si nos prestamos a ello.













