22 de junio de 2025

Guelmim, en la Puerta del Sahara

Nuevamente a primera hora de la mañana me dirigí al lugar donde se encuentran estacionados los grand taxis de El Ouatia para subirme a uno que me llevara a Ta-Tan  (12Dm./30min.) y desde allí coger otro hasta Guelmim (50Dm/2h;30min.), ciudad a más de 100Kms. de la costa. 
Continuamos circulando por la N1. Una vez pasado el río Draa (Oued Draa), el más largo de Marruecos y que nace en el Alto Atlasnos internamos entre zonas de mesetas y algo de montañas mientras las imágenes van cambiando notablemente. A parte de que la visión es más clara, hasta aquí ya no llega tanta neblina procedente del mar, el comienzo (o final, según en qué sentido se circula) del anti-Atlas es más palpable.
El taxista me llevó hasta la puerta del hotel Bahich (100Dm/cama doble/baño/ventana interior), algo antiguo pero limpio situado muy cerca de varios cruces principales de calles (Carrefour) y de los mercados populares.
La misión primera en Guelmim (Guelmine / Egleimin / Kulmim...) era el reconocimiento de los alrededores, básicamente dónde se puede comer a ciertas horas, porque hasta ahora me sigue siendo difícil encontrar lugares para desayunar decentemente (y me refiero a no comer los habituales platitos con pan, aceite, mermelada, quesito en porción o crema de maní o tortillas marroquí), y restaurantes locales con platos tradicionales a partir de la caída del sol que es cuando regreso al hotel después de merodear por la ciudad o pueblo que estoy visitando. Siempre queda la sopa harira que salva el cenar “in extremis” antes de ir a dormir. Es a partir de las 13:00 cuando los tajines echan humo y están preparados para ser servidos en los restaurantes locales. Son los más exquisitos y más económicos (30-40Dm).
Esta ciudad particularmente pintada en ocre tiene su característico encanto, es fácil de caminar, mantiene muchas de sus antiguas edificaciones, tiene varios mercados populares con mucho movimiento (como el mercado mauritano en la muy popular calle Zenkat Al Mauritans donde al atardecer exponen una gran variedad de vestidos y telas tradicionales saharauis) y muchas calles estrechas repartidas por el centro con tiendas de todo tipo y joyerías variadas. Al atardecer montan unos puestos callejeros de comidas varias a lado del cruce principal, cerca de la mezquita Hassan II, que animan a los vecinos a acercarse para cenar económicamente. Los recorridos en taxi cuesta 7Dm.
También llamada la Puerta del Sahara, cuando se viaja hacia el S., era una etapa ineludible para la ruta de las caravanas hacia Tombouctou, por ser ciudad importante de comercio e intercambios entre la población sedentaria y los nómadas del desierto. La agricultura y la cría de animales siguen constituyendo la principal actividad económica de esta región. Y esto se puede ver en sus zocos y en pequeños mercados populares. Precisamente esto es lo que me ha traído hasta aquí.
Por la tarde, cuando el calor comienza a ser menos potente fui a ver el mercado  (Souk) Amhayrich, que se encuentra no muy lejos de donde me estoy quedando. Su delimitación está dividida en tres zonas: la del ganado, la de las frutas y verduras y la de los almacenes para la venta al mayor. A un lado los pequeños restaurantes y teterías para ir cogiendo fuerzas. Pero, sin duda alguna, el mejor ambiente está entre los ganaderos y sus animales. Comentan que es el mercado más antiguo del N. de África y que en sus buenos momentos hasta él llegaban comerciantes de todas partes del mundo, incluso cruzando el Gran desierto del Sahara.
Allí se encontraban varios grupos separados de dromedarios con sus respectivos propietarios esperando ser vendidos. Lo mejor es llegar el viernes, como hice yo, para observar como montan todos los puestos y empiezan los clientes a llegar, aunque es el sábado cuando realmente comienza el ajetreo a partir de las 9 de la mañana. El mercado de los animales cobra vida el mismo viernes a partir de las 5 de la tarde: se mira, se elige y si el precio se acuerda, tras un tradicional ritual de cogerse la mano, discutir, reír, enseñar el fajo de billetes... pues a por el animal. Entre varios individuos (uno con una cuerda) separan al dromedario del grupo, lo cercan y los hacen caer al suelo para luego amarrarle una pata delantera al cuello para que no se pueda levantar. Al rato, una ranchera se acerca y lo introducen en la caja trasera para ser llevado a su nuevo destino con su nuevo propietario. 
El sábado tanto dentro, con todos los puestos montados y repletos de frutas y verduras, como fuera del mercado hubo un gran movimiento de gente realizando sus compras. En el exterior los puestos se montaron con todo tipo de productos: ropa, zapatos, colonias, electrodomésticos, jugos de caña, de naranja, sandías, melones, roscas.... Y en el suelo gente exponiendo sobre telas y plásticos infinidad de artefactos usados o estropeados (le llaman mercadillo de los piojos). Es habitual verlos en la mayoría de los mercados, apartados, en un espacio concreto para ellos.