A las 8 de la mañana me dirigí a la oficina de transportes público CTM para subirme a una de sus más que excelentes guaguas para trasladarme a Boujdour (135Dm/345Kms./5h.), mi siguiente destino. La tarde anterior Mohamed me ayudó a llamar al hotel Taiba (150Dm/cama doble/ducha/ventana a la calle principal) y reservarla personalmente. La carretera nacional se encuentra en perfecto estado. Pasamos varios controles policiales de carretera. Hay que detenerse varias decenas de metros antes y esperar junto a la señal de pararse a que el agente autorice el continuar. También hay controles de velocidad.
El paisaje que atravesamos es seco, desolado. A la izquierda el Atlántico, igualmente con mucho viento, grisáceo, dunas y zonas planas de arena y piedras y algunos dromedarios sueltos pastando. A la derecha, el desierto. Puro. Duro. El viento mueve la arena y el polvo de un lado a otro de la carretera. Es común en estas fecha que haya siroco, tormentas de arena o remolinos de arena (tolvaneras) envolventes. Por aquí las lluvias son muy poco frecuentes y, en todo caso, torrenciales. Todo este territorio está ocupado por un mar de dunas (arenosa) y otra pedregosa (hamada) y la escasa vegetación casi sólo se limitan a oasis, arbustos espinosos, acacias, plantas halófilas, aulagas y hierbas tolerantes a la sal, incluso en cauces de ríos secos (uadis). Pero es riquísimo en recursos minerales. Los intereses económicos de los españoles por estas tierras se centraron principalmente en fosfatos y arenales, también pesqueros, con participación de importantes empresas españolas de estos sectores.
La administración española en el Sahara Occidental comenzó en 1884 (Real Decreto de 26 de noviembre de 1884) cuando estableció su "protectorado" sobre las costas sahariana, hasta 1976 tras el "Acuerdo de Madrid", debido a las insistentes presiones de Marruecos y las demandas del pueblo saharaui. Así pues, España entregaría todo su territorio a Marruecos y Mauritania, aunque la ONU sigue considerando a España como potencia administradora. Aun así, este territorio está pendiente de su descolonización. Empresas españolas siguen participando y beneficiándose activamente de la explotación de estos recursos mediante acuerdos comerciales principalmente con Marruecos, generando críticas ya que continúan beneficiándose económicamente de todo ello, en un territorio que no les pertenece.Estoy recorriendo una parte del desierto del Sahara que casi toca el mar a través de una soledad inmensa, inacabable pero cautivadora. Esto es también tierra Tuareg.
Sahara significa "Tierra dura". Y no es ningún eufemismo ni metáfora, es literal. Con casi 9,2 millones de kilómetros cuadrados de superficie, ha sido residencia de pueblos nómadas y sedentarios que han tenido que buscarse la vida para sobrevivir en un territorio evidentemente hostil: agricultura casi inexistente, pastos escasos y sobre todo un gran aislamiento que obliga a los pobladores a sacar de donde no hay. Y precisamente una de sus fuentes de alimentación y transporte desde hace milenios lo ha constituido los camellos y dromedarios. Están tan adaptados a la escasez de agua del desierto que muchos los llaman "bebedores de viento". La Madre Naturaleza les ha otorgado la capacidad de poder pasar cinco o seis días sin abrevar incluso hasta cuando el calor aprieta hasta llegar a los 50ºC y durante la época "invernal", y si los pastos están verdes, hasta cuatro y cinco meses. Pero eso no es todo ya que la grasa acumulada en su joroba les proporciona alimento continuo y les permite pasar también semanas sin probar bocado. Estaba muy cansado de tanto caminar Dakhla durante los tres días y no me quería quedar dormido en la guagua, siempre con mirada atenta a las imágenes que sucedían a través de la ventana. Hicimos una parada junto a una gasolinera a mitad del recorrido para descansar media hora, o para almorzar como hicieron algunos pasajeros. Los fogones estaban activos: tajines, platos de carne con algunas verduras o papas, pinchos de carne, teteras, pan.... Y como en todos estos lugares, muy económico. Casi todos los platos a 30Dm-40Dm. Un café soluble y leche 10Dm.
La siguiente parada fue en la estación de Boujdour para recoger a más pasajeros porque ésta continuaba hacia Agadir. Yo cogí mis mochilas y marché hacia el hotel que se encuentra a poco menos de 500mts.. Gracias a tener línea telefónica y conexión con Internet ya puedo reservar hospedaje, ubicarme y dirigir mis pasos con más seguridad y facilidad por los lugares que estoy visitando.
La siguiente parada fue en la estación de Boujdour para recoger a más pasajeros porque ésta continuaba hacia Agadir. Yo cogí mis mochilas y marché hacia el hotel que se encuentra a poco menos de 500mts.. Gracias a tener línea telefónica y conexión con Internet ya puedo reservar hospedaje, ubicarme y dirigir mis pasos con más seguridad y facilidad por los lugares que estoy visitando.
El primer paseo corto lo dediqué a observar las edificaciones que aún quedan de la época española, conocer la zona y los lugares donde se pudiera comer estos días. El hotel se encuentra cerca de la plaza ajardinada Lalla Meryem donde se halla el faro español y una estatua de un jinete a camello rodeado de cuarteles militares y policiales.
Me llama la atención la cantidad de puestos militares y de policías que hay en esta pequeña ciudad. Me siento observado, controlado. Noto un ambiente raro. O soy yo, que desconfío tanto de estos personajes que me hacen pensar mal. Me da la sensación de que en esta ciudad todo está “bajo control”, lo cual es harto evidente nada más caminar un poco por ella. Hay varias pâtisseries (dulcería/panadería) de las que salen un placentero olor a recién hecho, tiendas de ropa, de tejidos, de comestibles, carnicerías, de menaje... que hacen de mercado popular. Muchas cerradas porque abren por las tardes. No es una ciudad amena pero sí llamativa, bastante diferente a la anterior. Hay muy poco que hacer en ella. Es muy tranquila. Aquí igualmente a medio día apenas hay gente por las calles. En algunas de las mesas las de terrazas se encontraban unas pocas personas charlando, bebiendo café o té. Cuanto más caliente más refresca. Antes de que el calor "deshidratara" mi curiosidad regresé al hotel para descansar y leer algo más sobre esta ciudad. La historia de Cabo Borjador (ahora Boujdour) comienza desde el momento que fue doblado por primera vez en 1434 por Portugal, luego fue un enclave considerado vital para la navegación hacia el S. de África y en la ruta hacia las Indias, aunque ningún país estableció y consolidó su presencia hasta la llegada de los españoles casi cinco siglos más tarde. A esta parte atlántica los navegantes les han tenido siempre un gran respeto ya que, a causa de las corrientes marinas, los bajíos, las mareas vivas y las condiciones especiales del magnetismo terrestre en esa zona que dificultaban el uso de algunos instrumentos tales como la brújula, presentaban tan grave riesgo para la navegación que los obligaba a alejarse de la costa, aumentando la distancia a recorrer y el riesgo en la navegación de aquellos barcos que siempre navegaban lo más próximos posible a la costa). En Bojador nunca hubo nada hasta la llegada de los españoles quienes con la construcción del faro, y que hoy día constituye un monumento histórico de gran valor, establecieron un pequeño centro rural que nunca fue militar habitado tanto por los faroleros y sus familias como por algunos pescadores nativos en torno al cual pronto establecieron sus campamentos las tribus saharianas semi-nómadas que vivían en la región. Pero nunca se convirtió en un centro urbano a diferencia de El Aaiún o Villa Cisneros (Dakhla). Tuvo una importancia histórica para España debido a que fue un punto clave en su expansión colonial en África. El nombre de Bojador fue conservado por los españoles cuando se establecieron en el lugar y fue luego “arabizado” por los marroquíes que lo transformaron en Boujdour a partir de 1976 tras la retirada española, quedando desierto y semi-abandonado debido a la actuación de la administración marroquí.
Entrado 1977, a raíz del conflicto armado con el Frente Polisario, intensificaron en todo el Sahara Occidental la sedentarización de las tribus nómadas mediante su reagrupación llevada a cabo por el ejército que no respetó la distribución según el origen geográfico o tribal provocando que Boujdour, que no disponía de ningún tipo de infraestructura urbana más allá de las escasas construcciones abandonadas por los españoles, se convirtiera en una ciudad en la que se concentraba una población carente de recursos a la que se sumaban los funcionarios y militares marroquíes, teniendo que vivir de manera casi asilada hasta finales de 1982 debido a los combates con el Frente Polisario. Su supervivencia se garantizó, una vez más, por vía marítima con barcos marroquíes que abastecían a la población.
Boujdour ahora es una ciudad conocida a nivel viajero por su emblemático faro, con casi 50.000 habitantes repartidos a partes iguales entre funcionarios, gendarmes, militares y civiles que viven básicamente de la pesca (sardinas y pulpos) y de la pequeña industria asociada a ella; y de las rompientes, que atraen a surfistas de muchas partes del mundo, cuando las condiciones son ideales para surfearlas.
Está haciendo bastante calor a medio día pero la brisa, fuerte, que llega del mar refresca el ambiente por momentos. Así que, desde que comenzó a refrescar mi siguiente objetivo sería llegar hasta la avenida de la playa que se encuentra a algo más de 1.500mts.. Una larga calle que pasa por medio de muchas tiendas y su mercado lleva directamente hacia ella. Tiene muy poca arena y una larga barra de piedra que se adentra en el mar. Posiblemente será con marea llena cuando rompan esas buenas olas que caracterizan a esta playa.
Está haciendo bastante calor a medio día pero la brisa, fuerte, que llega del mar refresca el ambiente por momentos. Así que, desde que comenzó a refrescar mi siguiente objetivo sería llegar hasta la avenida de la playa que se encuentra a algo más de 1.500mts.. Una larga calle que pasa por medio de muchas tiendas y su mercado lleva directamente hacia ella. Tiene muy poca arena y una larga barra de piedra que se adentra en el mar. Posiblemente será con marea llena cuando rompan esas buenas olas que caracterizan a esta playa.
Unos pocos usuarios se encontraban sentados en la avenida o sobre la arena que hay junto a ella esperando la caída del sol, y no es hasta las 8 de la tarde que los vecinos no se acerca a pasar el resto de la jornada, mucho más fresco. Estos días ha estado algo más nublado el horizonte y la puesta de sol no fue nada atrayente como para quedarme a ver el juego de colores tan característico de esta costa, que indudablemente no iba a ocurrir, por lo tanto aproveché para regresar al centro ya que el viento algo frío se me iba introduciendo en el cuerpo.
Al pasar por un pequeño establecimiento que tenía una freidora “a tope” de humo y un cuenco lleno de pescados con muy buena pinta me detuve y observé su modo operacional: el cliente señala el pescado, lo cogen, le ponen precio y, opcional, se puede pedir de acompañamiento una ensalada. Por supuesto, muy económico. Ya tenía solucionada la cena: un buen pescado frito con ensalada de tomate y cebolla y pan saharaui (khobs), redondo, denso, cocinado posiblemente en un horno a leña o gas. El auténtico, el del desierto, se hace bajo la arena con leña candente.
Para concluir realicé un corto paseo nocturno por la ciudad y luego un breve terraceo para echarme el último té del día mientras observaba el movimiento de sus vecinos a esas horas. Que tampoco difiere mucho de Dakhla. La gente sale a pasear al atardecer y a realizar sus compras hasta altas horas de la noche. Algunos puestos móviles callejero (carretillas) venden platitos de caracoles en salsa, zumos de frutas, de caña de azúcar, hacen pinchos de carne para introducir dentro del khob....
Estoy notando desde el primer día que llegué a estos territorios saharauis que es algo complicado cenar bien en los restaurantes locales del centro urbano después de ocultarse el sol, pasada las 21:00, ya que la mayoría han recogido o vendido todos sus productos. Si algo le queda estará frío o en pequeña cantidad. Solo se encuentran los puestos ambulantes de pan relleno con la carne de los pinchos que han cocinado previamente. Sin embargo, a las afueras hay varios restaurantes económicos de pescado o de carne que sí se mantienen abiertos hasta altas horas de la noche. Se puede ir en taxi, en pequeñas rancheras de dos plazas que utilizan básicamente para cargas (5Dm), o caminando como hice yo al regresar al centro urbano.
He preguntado al recepcionista si conocía a alguien que tuviera un vehículo 4x4 y me pudiese enseñar algunos lugares interesantes de esta parte sahariana. Pero no conoce a nadie. Mala suerte, no he podido moverme por la zona. A intentarlo nuevamente en el siguiente destino.
Desde la estación de transporte público las guaguas con dirección a El Aaiún salen todos los días por la tarde, que es cuando llegan del S., así que otra opción que me quedaba para trasladarme temprano era el taxi compartido de larga distancia (o Grand Taxi).
Al pasar por un pequeño establecimiento que tenía una freidora “a tope” de humo y un cuenco lleno de pescados con muy buena pinta me detuve y observé su modo operacional: el cliente señala el pescado, lo cogen, le ponen precio y, opcional, se puede pedir de acompañamiento una ensalada. Por supuesto, muy económico. Ya tenía solucionada la cena: un buen pescado frito con ensalada de tomate y cebolla y pan saharaui (khobs), redondo, denso, cocinado posiblemente en un horno a leña o gas. El auténtico, el del desierto, se hace bajo la arena con leña candente.
Para concluir realicé un corto paseo nocturno por la ciudad y luego un breve terraceo para echarme el último té del día mientras observaba el movimiento de sus vecinos a esas horas. Que tampoco difiere mucho de Dakhla. La gente sale a pasear al atardecer y a realizar sus compras hasta altas horas de la noche. Algunos puestos móviles callejero (carretillas) venden platitos de caracoles en salsa, zumos de frutas, de caña de azúcar, hacen pinchos de carne para introducir dentro del khob....
Estoy notando desde el primer día que llegué a estos territorios saharauis que es algo complicado cenar bien en los restaurantes locales del centro urbano después de ocultarse el sol, pasada las 21:00, ya que la mayoría han recogido o vendido todos sus productos. Si algo le queda estará frío o en pequeña cantidad. Solo se encuentran los puestos ambulantes de pan relleno con la carne de los pinchos que han cocinado previamente. Sin embargo, a las afueras hay varios restaurantes económicos de pescado o de carne que sí se mantienen abiertos hasta altas horas de la noche. Se puede ir en taxi, en pequeñas rancheras de dos plazas que utilizan básicamente para cargas (5Dm), o caminando como hice yo al regresar al centro urbano.
He preguntado al recepcionista si conocía a alguien que tuviera un vehículo 4x4 y me pudiese enseñar algunos lugares interesantes de esta parte sahariana. Pero no conoce a nadie. Mala suerte, no he podido moverme por la zona. A intentarlo nuevamente en el siguiente destino.
Desde la estación de transporte público las guaguas con dirección a El Aaiún salen todos los días por la tarde, que es cuando llegan del S., así que otra opción que me quedaba para trasladarme temprano era el taxi compartido de larga distancia (o Grand Taxi).






















