12 de junio de 2025

Siguiendo la costa saharaui

A las 8 de la mañana me dirigí a la oficina de transportes público CTM para subirme a una de sus más que excelentes guaguas para trasladarme a Boujdour (135Dm/345Kms./5h.), mi siguiente destino. La tarde anterior Mohamed me ayudó a llamar al hotel Taiba (150Dm/cama doble/ducha/ventana a la calle principal) y reservarla personalmente. La carretera nacional se encuentra en perfecto estado. Pasamos varios controles policiales de carretera. Hay que detenerse varias decenas de metros antes y esperar junto a la señal de pararse a que el agente autorice el continuar. También hay controles de velocidad.
El paisaje que atravesamos es seco, desolado. A la izquierda el Atlántico, igualmente con mucho viento, grisáceo, dunas y zonas planas de arena y piedras y algunos dromedarios sueltos pastando. A la derecha, el desierto. Puro. Duro. El viento mueve la arena y el polvo de un lado a otro de la carretera. Es común en estas fecha que haya siroco, tormentas de arena o remolinos de arena (tolvaneras) envolventes. Por aquí las lluvias son muy poco frecuentes y, en todo caso, torrenciales. Todo este territorio está ocupado por un mar de dunas (arenosa) y otra pedregosa (hamada) y la escasa vegetación casi sólo se limitan a oasis, arbustos espinosos, acacias, plantas halófilas, aulagas y hierbas tolerantes a la sal, incluso en cauces de ríos secos (uadis). Pero es riquísimo en recursos  minerales. Los intereses económicos de los españoles por estas tierras se centraron principalmente en fosfatos y arenales, también pesqueros, con participación de importantes empresas españolas de estos sectores. 
La administración española en el Sahara Occidental comenzó en 1884 (Real Decreto de 26 de noviembre de 1884) cuando estableció su "protectorado" sobre las costas sahariana, hasta 1976 tras el "Acuerdo de Madrid", debido a las insistentes presiones de Marruecos y las demandas del pueblo saharaui. Así pues, España entregaría todo su territorio a Marruecos y Mauritania, aunque la ONU sigue considerando a España como potencia administradora. Aun así, este territorio está pendiente de su descolonización. Empresas españolas siguen participando y beneficiándose activamente de la explotación de estos recursos mediante acuerdos comerciales principalmente con Marruecos, generando críticas ya que continúan beneficiándose económicamente de todo ello, en un territorio que no les pertenece.
Estoy recorriendo una parte del desierto del Sahara que casi toca el mar a través de una soledad inmensa, inacabable pero cautivadora. Esto es también tierra Tuareg.
Sahara significa "Tierra dura". Y no es ningún eufemismo ni metáfora, es literal. Con casi 9,2 millones de kilómetros cuadrados de superficie, ha sido residencia de pueblos nómadas y sedentarios que han tenido que buscarse la vida para sobrevivir en un territorio evidentemente hostil: agricultura casi inexistente, pastos escasos y sobre todo un gran aislamiento que obliga a los pobladores a sacar de donde no hay. Y precisamente una de sus fuentes de alimentación y transporte desde hace milenios lo ha constituido los camellos y dromedarios. Están tan adaptados a la escasez de agua del desierto que muchos los llaman "bebedores de viento". La Madre Naturaleza les ha otorgado la capacidad de poder pasar cinco o seis días sin abrevar incluso hasta cuando el calor aprieta hasta llegar a los 50ºC y durante la época "invernal", y si los pastos están verdes, hasta cuatro y cinco meses. Pero eso no es todo ya que la grasa acumulada en su joroba les proporciona alimento continuo y les permite pasar también semanas sin probar bocado. Estaba muy cansado de tanto caminar Dakhla durante los tres días y no me quería quedar dormido en la guagua, siempre con mirada atenta a las imágenes que sucedían a través de la ventana. Hicimos una parada junto a una gasolinera a mitad del recorrido para descansar media hora, o para almorzar como hicieron algunos pasajeros. Los fogones estaban activos: tajines, platos de carne con algunas verduras o papas, pinchos de carne, teteras, pan.... Y como en todos estos lugares, muy económico. Casi todos los platos a 30Dm-40Dm. Un café soluble y leche 10Dm.
La siguiente parada fue en la estación de Boujdour para recoger a más pasajeros porque ésta continuaba hacia Agadir. Yo cogí mis mochilas y marché hacia el hotel que se encuentra a poco menos de 500mts.. Gracias a tener línea telefónica y conexión con Internet ya puedo reservar hospedaje, ubicarme y dirigir mis pasos con más seguridad y facilidad por los lugares que estoy visitando. 
El primer paseo corto lo dediqué a observar las edificaciones que aún quedan de la época española, conocer la zona y los lugares donde se pudiera comer estos días. El hotel se encuentra cerca de la plaza ajardinada Lalla Meryem donde se halla el faro español y una estatua de un jinete a camello rodeado de cuarteles militares y policiales. 
Me llama la atención la cantidad de puestos militares y de policías que hay en esta pequeña ciudad. Me siento observado, controlado. Noto un ambiente raro. O soy yo, que desconfío tanto de estos personajes que me hacen pensar mal. Me da la sensación de que en esta ciudad todo está “bajo control”, lo cual es harto evidente nada más caminar un poco por ellaHay varias pâtisseries (dulcería/panadería) de las que salen un placentero olor a recién hecho, tiendas de ropa, de tejidos, de comestibles, carnicerías, de menaje... que hacen de mercado popular. Muchas cerradas porque abren por las tardes. No es una ciudad amena pero sí llamativa, bastante diferente a la anterior. Hay muy poco que hacer en ella. Es muy tranquila. Aquí igualmente a medio día apenas hay gente por las calles. En algunas de las mesas las de terrazas se encontraban unas pocas personas charlando, bebiendo café o té. Cuanto más caliente más refresca. Antes de que el calor "deshidratara" mi curiosidad regresé al hotel para descansar y leer algo más sobre esta ciudad. 
La historia de Cabo Borjador (ahora Boujdour) comienza desde el momento que fue doblado por primera vez en 1434 por Portugal, luego fue un enclave considerado vital para la navegación hacia el S. de África y en la ruta hacia las Indias, aunque ningún país estableció y consolidó su presencia hasta la llegada de los españoles casi cinco siglos más tarde. A esta parte atlántica los navegantes les han tenido siempre un gran respeto ya que, a causa de las corrientes marinas, los bajíos, las mareas vivas y las condiciones especiales del magnetismo terrestre en esa zona que dificultaban el uso de algunos instrumentos tales como la brújula, presentaban tan grave riesgo para la navegación que los obligaba a alejarse de la costa, aumentando la distancia a recorrer y el riesgo en la navegación de aquellos barcos que siempre navegaban lo más próximos posible a la costa). EBojador  nunca hubo nada hasta la llegada de los españoles quienes con la construcción del faro, y que hoy día constituye un monumento histórico de gran valor, establecieron un pequeño centro rural que nunca fue militar habitado tanto por los faroleros y sus familias como por algunos pescadores nativos en torno al cual pronto establecieron sus campamentos las tribus saharianas semi-nómadas que vivían en la región. Pero nunca se convirtió en un centro urbano a diferencia de El Aaiún o Villa Cisneros (Dakhla). Tuvo una importancia histórica para España debido a que fue un punto clave en su expansión colonial en ÁfricaEl nombre de Bojador fue conservado por los españoles cuando se establecieron en el lugar y fue luego “arabizado” por los marroquíes que lo transformaron en Boujdour a partir de 1976 tras la retirada española, quedando desierto y semi-abandonado debido a la actuación de la administración marroquí. 
Entrado 1977, a raíz del conflicto armado con el Frente Polisario, intensificaron en todo el Sahara Occidental la sedentarización de las tribus nómadas mediante su reagrupación llevada a cabo por el ejército que no respetó la distribución según el origen geográfico o tribal provocando que Boujdour, que no disponía de ningún tipo de infraestructura urbana más allá de las escasas construcciones abandonadas por los españoles, se convirtiera en una ciudad en la que se concentraba una población carente de recursos a la que se sumaban los funcionarios y militares marroquíes, teniendo que vivir de manera casi asilada hasta finales de 1982 debido a los combates con el Frente Polisario. Su supervivencia se garantizó, una vez más, por vía marítima con barcos marroquíes que abastecían a la población.
Boujdour ahora es una ciudad conocida a nivel viajero por su emblemático faro, con casi 50.000 habitantes repartidos a partes iguales entre funcionarios, gendarmes, militares y civiles que viven básicamente de la pesca (sardinas y pulpos) y de la pequeña industria asociada a ella; y de las rompientes, que atraen a surfistas de muchas partes del mundo, cuando las condiciones son ideales para surfearlas.
Está haciendo bastante calor a medio día pero la brisa, fuerte, que llega del mar refresca el ambiente por momentos. Así que, desde que comenzó a refrescar mi siguiente objetivo sería llegar hasta la avenida de la playa que se encuentra a algo más de 1.500mts.. Una larga calle que pasa por medio de muchas tiendas y su mercado lleva directamente hacia ella. Tiene muy poca arena y una larga barra de piedra que se adentra en el mar. Posiblemente será con marea llena cuando rompan esas buenas olas que caracterizan a esta playa.
Unos pocos usuarios se encontraban sentados en la avenida o sobre la arena que hay junto a ella esperando la caída del sol, y no es hasta las 8 de la tarde que los vecinos no se acerca a pasar el resto de la jornada, mucho más fresco. Estos días ha estado algo más nublado el horizonte y la puesta de sol no fue nada atrayente como para quedarme a ver el juego de colores tan característico de esta costa, que indudablemente no iba a ocurrir, por lo tanto aproveché para regresar al centro ya que el viento algo frío se me iba introduciendo en el cuerpo.
Al pasar por un pequeño establecimiento que tenía una freidora “a tope” de humo y un cuenco lleno de pescados con muy buena pinta me detuve y observé su modo operacional: el cliente señala el pescado, lo cogen, le ponen precio y, opcional, se puede pedir de acompañamiento una ensalada. Por supuesto, muy económico. Ya tenía solucionada la cena: un buen pescado frito con ensalada de tomate y cebolla y pan saharaui (khobs), redondo, denso, cocinado posiblemente en un horno a leña o gas. El auténtico, el del desierto, se hace bajo la arena con leña candente.
Para concluir realicé un corto paseo nocturno por la ciudad y luego un breve terraceo para echarme el último té del día mientras observaba el movimiento de sus vecinos a esas horas. Que tampoco difiere mucho de Dakhla. La gente sale a pasear al atardecer y a realizar sus compras hasta altas horas de la noche. Algunos puestos móviles callejero (carretillas) venden platitos de caracoles en salsa, zumos de frutas,  de caña de azúcar, hacen pinchos de carne para introducir dentro del khob.... 
Estoy notando desde el primer día que llegué a estos territorios saharauis que es algo complicado cenar bien en los restaurantes locales del centro urbano después de ocultarse el sol, pasada las 21:00, ya que la mayoría han recogido o vendido todos sus productos. Si algo le queda estará frío o en pequeña cantidad. Solo se encuentran los puestos ambulantes de pan relleno con la carne de los pinchos que han cocinado previamente. Sin embargo, a las afueras hay varios restaurantes económicos de pescado o de carne que sí se mantienen abiertos hasta altas horas de la noche. Se puede ir en taxi, en pequeñas rancheras de dos plazas que utilizan básicamente para cargas (5Dm), o caminando como hice yo al regresar al centro urbano. 
He preguntado al recepcionista si conocía a alguien que tuviera un vehículo 4x4 y me pudiese enseñar algunos lugares interesantes de esta parte sahariana. Pero no conoce a nadie. Mala suerte, no he podido moverme por la zona. A intentarlo nuevamente en el siguiente destino.
Desde la estación de transporte público las guaguas con dirección a El Aaiún salen todos los días por la tarde, que es cuando llegan del S., así que otra opción que me quedaba para trasladarme temprano era el taxi compartido de larga distancia (o Grand Taxi).

10 de junio de 2025

Dakhla, la penísula sahariana

Tras una hora y media de vuelo el avión aterrizó en el aeropuerto de Dakhla situada sobre un brazo de tierra de casi 50kms. de largo y aprox. 2kms. de ancho,  con un fuerte viento del Nor-Oeste. Al ser casi las 12 del medio día las mejores vistas se obtienen desde las ventanillas del lado izquierdo del aparato. 
A la derecha, mientras enfilaba hacia la pista de aterrizaje, apareció Punta Sarga con su pequeño poblado de pescadores y sus embarcaciones de pesca situado en el extremo S. de la alargada península, luego sobrevolamos parte de la ciudad cercana a la laguna y, al fondo, el desierto que apenas se podía divisar debido a la bruma y al polvo producto del viento que enturbia toda la visión; a la izquierda otro gran conjunto de construcciones ocres y el océano, grisáceo y picado. 
Decenas de kilómetros de playa se extienden de un lado a otro de ambas costas, destino de cualquier amante de los deportes acuáticos. Un excelente entorno para relajarse mientras se disfruta de todo tipo de actividades. Y de buenas olas cuando las condiciones son las adecuadas. Pero ahora no. Es, sin duda alguna, destino singular para kitesurfistas.
Tras pasar el control de pasaporte y un minucioso registro de mis pertenencias (libro de viaje hoja por hoja, estuche del portátil por si "portaba un dron"!, cámara de fotos y sus accesorios, fondo de la mochila) pasé a la sala externa donde apenas quedaba gente. Ni siquiera alguna oficina para cambiar divisas. Un par de taxistas aburridos esperaban con sus vehículos parados frente al aeropuerto. Yo era el último en salir.
Como no había podido cambiar a Dirham marroquí (desde ahora Dm), la moneda que se usa en Sahara Occidental, tuve que darle al taxista los 10€ que me pidió para que me llevara al hotel 7 Day que había reservado por Internet varios días antes. Se encuentra muy bien situado, en un barrio céntrico y muy tranquilo (Oulad Akkou), rodeado de terrazas (teterías/cafeterías, restaurantes), algunas dulcerías, muchos bancos y varias oficinas de transporte público. 
La habitación que me dieron dispone de dos camas, baño interior, ventana a la plaza central (una rotonda), bastante limpio y muy tranquilo (17€). La siguiente noche me la dejaron en 150Dm. Es uno de los hoteles más económicos de Dajla (o Ad-Dajla).
Tras dejar las mochilas mi primera misión era ir en busca de un Banco para que me cambiara Euros pero Mohamed, el recepcionista, me advirtió que posiblemente todos estuviesen cerrados. Y es que había llegado el día más importante del Eid al-Adha (fiesta del cordero), una festividad religiosa, y todos los Bancos y muchas tiendas se encontrarían cerradas durante varios días. Ésta es una de las celebraciones más significativas del Islam, momento especial en el que se practica la caridad compartiendo comida entre familiares, amigos e incluso desconocidos. Por las calles he podido ver a vecinos transportando bandejas de viandas cubiertas con paños o en puertas de algunas casas esperando para salir o entrar. 
Mohamed me cambió 50€/500Dm) para que fuera tirando hasta que pudiera cambiar más en alguna oficina de cambio. Así que comencé a caminar buscando algún lugar que pudiera estar abierto, desde la rotonda de mi hotel por el Bulevard Ahmed Bahnini hacia el Bulevard Mohammed V que se encuentra paralelo a la costa lagunera, aprox. a unos 1.500mts., aunque ahora está completamente en obras y ha perdido todo encanto. 
Llegué tan lejos como pude mientras el sol aumentaba el calor de las calles, pero todo estaba cerrado. Transitaba por una ciudad prácticamente desierta. Apenas había gente sentada en las cafeterías protegidas del sol del mediodía. Y es que durante el día casi no se ve a nadie por las calles pero es al atardecer cuando los vecinos salen a hacer sus compras y a ver caer la noche, porque es cuando más fresco hace.
Realizando el recorrido me fui desviando por algunas bocacalles que me llevaron por el desvencijado y vacío mercado (también cerrado) aunque hay unos pocos comerciantes con sus puestos montados en el exterior, y entre algunas edificaciones de estilo español hasta la iglesia española Nuestra Señora del Carmen (1946), de estilo clásico, construida con líneas simples y su exterior pintado en blanco.
Fundada como Villa Cisneros -en honor al Cardenal Cisneros- por los españolitos en 1884 (coincidiendo con el comienzo de la Conferencia de Berlín en la que los países europeos establecieron sus áreas de influencia en el continente africano) en una expedición promovida por la Sociedad Española de Africanistas y financiada por el gobierno de Cánovas del Castillo (y el rey Alfonso XII), rápidamente se convirtió en sitio importante para España debido a su puerto natural y su posición estratégica en el Sahara Occidental. Llamada también Península de Río de Oro, fue el primer lugar en el que se asentó España en el S. del Sahara -con una caseta de madera sobre la orilla oriental-, permaneciendo bajo su soberanía hasta principios de 1976Aún quedan algunos vestigios de aquella época y estaba dispuesto a encontrarlos. 
La zona de más movimiento estos días ha estado frente al hotel Tires, a poco metros del Bulevar Mohamed V donde a partir de las 18:00 han estado realizando un mercadillo popular bastante concurrido con puestos de comidas (caracoles, garbanzos, pinchos, ostras, papas fritas, dulces...), también ropa, cubertería, calderos, juguetes de plástico..., entre tiendas de telefonía, terrazas de té y café y restaurantes varios. Alguien me advirtió que esperara hasta el atardecer porque cerca se encuentra una tienda de trajes que suele cambiar Euros (1€ = 10,30Dm) situada en el bulevar cerca de esta concurrida plaza de ventas. Por fin podía seguir caminando con tranquilidad con más dinero en el bolsillo. 
Al día siguiente descibrí que cerca del mercado hay una oficina oficial de cambio, aunque con peor tipo de cambio.
Dakhla ahora es una pequeña ciudad al S. de Marruecos y al N. de Mauritania, perdido entre las aguas del Atlántico, su propia laguna y las arenas del Sahara. Su costa está entre las más bellas y casi aislada del mundo por un desierto circundante, con sus aprox. 25ºC durante casi todo el año. Situada cerca de la desembocadura del Río de Oro, su bahía y su espléndida laguna de cálidas aguas es el hogar de aves migratorias, flamencos rosados, tortugas, focas monje, rayas y delfines jorobados que se pueden observar desde el extremo sur de la península, en Punta Sarga.
Sus dos playas particularmente famosas son la de Foum El Bouir y la del PK25. La primera se encuentra al otro lado de la ciudad, en el Atlántico, con bastante corriente y oleaje, mucho ambiente local y muy animado los fines de semanas, y la segunda, en la laguna, bastante más alejada, es popular y muy segura para los que les gusta relajarse: su amplia orilla con jaimas para alquilar es ideal para el descanso o pernoctar si se trae comida y bebidas, pudiéndose nadar sin riesgo en sus tranquilas aguas. Ahí, en medio de la bahía se encuentra la isla del Dragón, una formación rocosa a la que se puede acceder con marea muy vacía caminando sobre un lecho de conchas marinas (o a vela con marea alta), ideal para la observación de aves y la exploración de su vida marina adaptada a las condiciones cambiantes del área.
En el extremo S., en la punta de la península de Dakhla (Punta Sarga) y a 12Kms. se encuentra el poblado de pescadores Lassargaotro entorno de renombre internacional, con playas muy limpias y rompientes de alta calidad donde surferos famosos han cogido sus mejores tubos en olas que corren cientos de metros. Por lo que me han comentado, sólo hay un alojamiento, bastante caro, aunque hablando con algún residente podría ser posible rentar alguna de sus casas donde se encuentran varadas las embarcaciones de pesca. Es un entorno ideal para mezclarse con la vida local de los pescadores. Aunque no muy limpio. Los pescadores, normalmente, y los de este dominio en concreto no suelen cuidarlo. 
Mohammed pudo hacer contacto con un guía con vehículo 4x4 para que me llevara a conocer durante todo el día (1.400Dm) circulando más al S. del continente, paralela a la laguna y entre infinidad de dunas, la enigmática Duna Blanca “solitaria”, de blancura única y finura que la hace imposible de ver en otro lugar. Para llegar hasta ella, mejor en marea baja, hay que abandonar la carretera asfaltada entrando por un camino de tierra, piedras y arenas del desierto (debidamente señalizado), atravesar varios grupos de llamativos montículos de arena y piedras y tras decenas de kilómetros, desde una pequeña altura del terreno, comienza a contemplarse a lo lejos esta maravilla de la naturaleza moldeada por el viento haciendo contraste con un fondo azul "marino" sobre una larga explanada de fina arena. 
Un paisaje tan surrealista como sublime entre la intensidad del desierto y la serenidad del mar que la baña. Subirse a ella es poder admirar a un  lado cientos de kilómetros de arena y dunas, al otro lado el llamativo recorte de la duna por acción del viento y el agua que la baña y a lo lejos, en la otra orilla, Dakhla. Tras media hora de regocijo continuamos a través de lo que parece un oasis de agua salada y arena blanca hasta volver a tomar la carretera asfaltada dejando poco a poco atrás esa "mágica" duna.
Un poco más alejada se encuentra la magnífica extensa playa igualmente de arena blanca del Puertito, donde los locales amantes a la pesca pasan horas o varios días, capturando sus piezas acampados con sus vehículos, sus toldos y todos sus pertrechos. O los fines de semanas con sus familias en jaimas montadas con ingeniosa habilidad. Ahí mismo preparan la comida, o el té, durante el día. 
Continuando por la carretera nacional hacia el S., dirección Mauritania, llegamos hasta la playa Puerto Rico (o Portorico), a unos 60Kms., "una playa en medio del desierto" que fue lugar de ocio durante la época colonial. También conocida como "la playa privada del rey", estuvo cerrada al público durante mucho tiempo, y es por eso por lo que muchos locales ni la conocen. Se caracteriza por algunas curiosidades geológicas como sus rocas sedimentarias rosas y beig del desierto con la que cuenta este ecosistema costero sahariano de aguas cristalinas. En condiciones buena de viento es ideal para practicar diferentes deportes acuáticos. Es posible acampar y en las noches estrelladas disfrutar de cielo limpio de contaminación lumínica.
Finalmente, tras otros 40Kms. aprox., llegamos tan lejos como al humedal Sebkha de Imlili, en medio del desierto, rodeado de dunas de arena dorada y acantilados rocosos caracterizado por una gran diversidad biológica, con un ecosistema único que refleja la riqueza natural de esta región (Dakhla - Oued Eddahab). Son unas 160 pocetas de agua salada permanente alimentadas por un manantial subterráneo de "agua pura" que la convierte en un oasis excepcional, rodeado de una exuberante vegetación verde compuesta principalmente por palmeras y arbustos del desierto. En muchas de ellas abundan la Tilapia de Guinea, y dispersos por el entorno diferentes animales y reptiles que hacen tan especial a este lugar.
De vuelta y antes de concluir el recorrido paramos en las aguas termales Asmaa (la Source), un manantial natural de azufre en el "corazón del desierto" que ofrece una experiencia diferente en "ducha a alta presión" mediante una manguera. Dicen que tiene beneficios minerales curativos para la salud. La fuente (la Source) es un agua caliente a 38*C que proviene de un pozo a 700mts. de profundidad extraída con una bomba eléctrica de succión (15Dm).
El toque final llegó al detenernos en el restaurante Tahal Mar, donde sirven platos muy económicos, entre ellos las ostras frescas producidas por ellos en viveros sumergidos. Me harté a comer ostras!! (4Dm la unidad). Antes de entrar al centro de la ciudad nos desviamos hacia el Atlántico para observar de cerca el faro conocido como Ksar Sghir, una torre de 34mts. de altura construida en 1922 para señalar la entrada de los barcos que llegaban al puerto de Dakhla. Este faro sigue siendo parte del horizonte de la ciudad y es un motivo de orgullo entre sus vecinos que se acercan en muchas ocasiones para fotografiarse junto a él. 
A una distancia de 6kms. de la ciudad esta avejentada torre negra y blanca es una atracción popular también entre los que quieren apreciar su diseño único y también disfrutar de las impresionantes vistas de los peñascos de los acantilados caídos al mar por acción del oleaje y la climatología. El complejo en sí, en claro estado decadente, consta de varias pequeñas edificaciones y una estación de radio. 
Me he quedado tres días disfrutando de esta ciudad conociendo las costumbres de un pueblo que apenas sale durante el día y con todo su movimiento concentrado al atardecer cuando infinidad de vecinos hacen vida paseando o yendo de compras. No hay discotecas, al menos presencialmente, y todo el cotilleo se lleva en las terrazas de las teterías/cafeterías, lugar prácticamente de hombres. Las enormes pantallas instaladas en casi todas ellas muestran tanto partidos en directo como partidos de días, meses o años anteriores.
Otros vecinos se sientan en las terrazas de algunos restaurantes que dan a la laguna, o sobre el terreno donde se está construyendo la nueva avenida (o bulevar) del mar. 
Y en cuestión de comer ha sido bastante más sencillo de lo que me esperaba en un primer momento tras observar que casi todos los restaurantes locales más populares estaban cerrados hasta el atardecer. Todos estos días en el mercadillo han estado instalando puestos de pinchos de carne para poner en panes redondos khobs, platitos de garbanzos, de lentejas o judías, ostras frescas, papas fritas, o en los restaurantes de esa misma calle que tenían diferentes platos del día.
Al anochecer la temperatura baja bastante, básicamente por el fuerte viento que llega del mar, siendo normal en estas fechas que corresponde a los meses del verano.
Aunque los taxis son económicos (7Dm el trayecto corto) es sencilla de caminar y de entender si se le presta la mínima atención, y para eso están las terrazas, para observar su vida pasar, y con un poquito de suerte entablar diferentes conversaciones si nos prestamos a ello.

4 de junio de 2025

Esta Vez... tan Cerca

Comienza un nuevo viaje, otro año más. Y esta vez no me voy a trasladar muy lejos de mi zona. Sencillamente, cruzando el charco dirección Este, hacia las costas del Sahara Occidental y Marruecos. Y lo quiero realizar en varias partes  en diferentes fechas de este año si puedo, claro.
En este primer salto volaré con Binter (299€ i/v) desde Gran Canaria hasta Dakhla y desde allí iré subiendo hacia el N. hasta llegar a Agadir, donde tomaré el vuelo de vuelta. Me detendré en pueblos y ciudades interesantes que vaya encontrando, aunque será un viaje corto de tres semanas, para visitar algunas de las zonas más emblemáticas de esta región africana.


Intentaré realizar una ruta de contrastes y variedad de paisajes, desde amplias playas desiertas, o "pobladas" de locales los fines de semanas, o de surferos también locales, acantilados peculiares donde el mar bate con mucha fuerza debido a los vientos de esta época del año (que no es la mejor precisamente para venir), traspasar las arenas del desierto saharaui y llegar hasta algunos emblemáticos lugares -si encuentro medio de transporte para ello-, curiosear las pocas edificaciones que quedan y que me podrán acercar a parte de la historia pasada de España en el Sahara, y observar modos diferentes de vivir que seguro no me dejarán "indiferente" porque es lo que busco siempre que viajo. 
No será sencillo adaptarme a los tiempos porque esta vez voy con pocas semanas como para extenderme donde más me apetezca. Si acaso, al menos, dos días en cada lugar. Me iré moviendo no muy lejos de la costa, de playa en playa, de teterías en teterías, en guaguas, taxis compartidos o vehículos alquilados con chofer. 
Inshallah!